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24 de julio de 2018

LA VIDA EN LA SABANA III. HIENAS Y CHACALES


Coleccioné la Enciclopedia Salvat de la Fauna entre los diez años y los once años, en la edición que lanzaron inmediatamente después de la muerte del Dr. Rodríguez de la Fuente. Para confeccionarla, Félix había reunido a finales de la década de 1960 a un equipo de brillantes naturalistas jóvenes y prometedores. El equipo de redacción recogía en los textos buena parte del conocimiento sobre la fauna mundial y era inevitable que reflejase el trabajo de Schaller, Fosey, Van Lawick, Grzimek, Goodall o el mismo Rodríguez de la Fuente.

He seguido releyendo esa enciclopedia toda mi vida y a muchos de los investigadores citados en ella, directamente de su obra. Y uno de los que más admiro, seguramente porque mi interés en los mamíferos carnívoros encuentra en su trabajo una fuente inagotable de inspiración y conocimiento, es Hans Kruuk.

En mis viajes para Ecowildlife Travelsoy  afortunado de poder conocer en directo a muchas de esas especies con las que soñaba en mis lecturas infantiles y he podido constatar como muchos de los logros alcanzados en el trabajo de aquellos pioneros siguen plenamente vigentes. Y es precisamente en el libro de Kruuk The spotted hyena donde encontré la confirmación al comportamiento que grabé en nuestro safari por Kenia en abril de este año.

Dejábamos el Lago Nakuru con las últimas luces del día. Una hiena manchada patrulla la sabana. Durante la secuencia, observamos como dos chacales de lomo negro se enfrentan a la poderosa cazadora. Alternativamente, le intentan morder las piernas asaltándola por detrás. Y se le enfrentan. A pesar de la evidente diferencia de tamaño y de potencia, el lenguaje corporal de la hiena habla de derrota. Primero, un medio galope que interrumpe súbitamente su paso amblar, nos habla de un sobresalto, en el mismo momento en el que unos de los chacales entra en campo. Luego introduce la cola entre las patas y esto no necesita mucha explicación.” Probablemente voy a huir”

Mientras la imponente hiena deja amblando el lugar y a los dos menudos cánidos como vencedores de un duelo más mental que físico, por el fondo dos secretarios pasean casi como una pareja de transeúntes que evitan los problemas mirando hacia otro lado cuando topan con una pelea callejera.
Sabía que los chacales interactúan muy frecuentemente con los grandes depredadores con los que coexisten. Y había leído que si no hay una presa que robarse mutuamente, hienas y chacales se suelen ignorar. Entonces, ¿cuál debía ser el motivo del conflicto? Pensé si la pareja no tendría a su camada oculta en alguna invisible madriguera. Los chacales aprovechan para este fin agujeros de facocero, viejos termiteros y ubicaciones semejantes.

Ya en casa, compré el libro de Kruuk que recoge su intenso estudio de las hienas manchadas en Ngorongoro y Serengueti. En él encontré que sus observaciones coincidían con lo observado por nuestro safari en Nakuru. Los chacales defienden a sus cachorros solos o en parejas, cuando una hiena se aventura demasiado cerca de su madriguera de cría tal y como vimos aquella tarde. E, invariablemente la hiena huye lentamente del lugar.

Refuerza la confianza del naturalista la idea de que la observación de la naturaleza le va proporcionando conocimientos como para que sus conclusiones coincidan con autores como éstos. Y es un hermoso privilegio poder seguir multiplicando esas observaciones, aprender sobre los animales y poder compartir eso con quien nos acompaña en nuestras expediciones.

En Diciembre parto con un grupo en busca del Tigre de Bengala a la India y en Abril con otro grupo a Kenia en busca de la Gran Migración. Si me queréis acompañar tenéis toda la información en los enlaces.

JOSÉ CARLOS DE LAFUENTE

15 de julio de 2014

EL TURISMO LOBERO PUEDE SALVAR AL LOBO


La convivencia entre los grandes depredadores y el hombre genera conflictos que la biología y las políticas de conservación aún no han podido resolver completamente. En España contamos con dos ejemplos notorios: el oso pardo ibérico (Ursus arctos) y el lobo ibérico (Canis lupus signatus).

Cualquiera que haya trabajado o, simplemente, se haya interesado por estas especies en el campo, ha podido comprobar el odio visceral que reside en el inconsciente colectivo de la población humana local. El principal problema viene de la depredación de ganado. Las dos especies lo hacen, aunque el lobo, por abundancia y comportamiento, se ha convertido en el principal enemigo. Demonizado y perseguido sin tregua, este magnifico animal se ha valido de su adaptabilidad y sus altas tasas reproductoras para sobrevivir al veneno, a la caza legal e ilegal y a muchos de los intentos de exterminio sistemático.

En la Península Ibérica, a los lobos les ha ido mejor en el norte que en el sur. En los años 90, las poblaciones de esta especie al sur del río Duero, aún encontrándose estrictamente protegidas por el Convenio de Berna, fueron empujadas al borde mismo de la extinción. Desapareció de sus últimos bastiones extremeños, en la Sierra de San Pedro, y únicamente sobrevive un pequeño e indeterminado número de familias en las grandes fincas de caza mayor.

Para conservar a los grandes depredadores, imprescindibles para que los ecosistemas que habitan pervivan y con una presencia en nuestra historia y cultura que los convierte en un patrimonio único, es necesario cambiar la percepción de las gentes que conviven con ellos. Las personas que, evidentemente, sufren los daños económicos que, aunque tremendamente exagerados por otros intereses, han de llegar a pensar que tener lobos en su territorio les reporta un beneficio. No es de esperar más que tolerancia, al menos durante una generación, pero esto ya sería un gran logro a la hora de conservar a estas joyas biológicas.
Pedro, un buen amigo, nació, creció y se hizo hombre en una de las zonas loberas más densas de España. Me contaba como durante las fiestas de San Juan en su comarca era tradicional subir a la sierra para capturar una camada de lobo. Los cachorros, completamente indefensos en esas fechas, eran localizados por los pastores. El vaho de la respiración de los lobeznos acurrucados entre el brezo, bastaba para que los entrenados ojos de estos hombres de campo dieran con la escondida lobera y sellar su terrible destino. No participar en estas actividades, me contaba Pedro, suponía el rechazo social de toda la comunidad.

El turismo de naturaleza se ha convertido en una herramienta muy útil para conservar especies conflictivas. Empresas que ponen en práctica un turismo respetuoso con la naturaleza, que ayudan a difundir los valores naturales de la fauna salvaje, y que contribuyen a dinamizar economías locales generalmente deprimidas en estrecha colaboración con comercios y guías autóctonos, pueden ser decisivas en conservación, cuando las poblaciones locales perciban lobos, osos, tigres, jaguares o leopardos como fuentes de ingresos a preservar.

El turismo lobero puede salvar al lobo.

17 de julio de 2013

Los cérvidos europeos (I): El corzo


Este artículo es el primero de una série de entradas dedicadas a los cérvidos europeos.
Si paseamos por los bosques templados europeos, nos encontramos indicios que nos hablan de la presencia de una criatura perfectamente adaptada a la vida forestal. En el margen, en la orla de arbustos que protege la floresta, las hojas tiernas del zarzal (Rubus sp.) están mordisqueadas y sólo les queda el pecíolo. Ya en el interior del bosque, algunos arbolillos se encuentran descortezados, como si les hubieran arrancado la corteza con la punta de un estoque. Es posible, que si nuestro paseo tiene lugar en el crepúsculo, oigamos un grito que puede recordar a un ladrido ronco: aaooooooooooghh!!!!! Todo indica que en aquel bosque habita el corzo (Capreolus capreolus).
El corzo es el cérvido europeo más pequeño. Su cuerpo, su cornamenta, de pequeñas dimensiones son adaptaciones a la vida forestal. El mayor desarrollo de los cuartos traseros en relación a los delanteros, le permite saltar de forma prodigiosa. Quien ha observado la huida vertiginosa de una corza y sus dos gemelos adolescentes esquivando árboles y obstáculos no lo olvida.

Hemos tenido bonitas observaciones de corzos en nuestros viajes naturalistas. Un espléndido macho de unos cuatro años, al que observábamos puntual como un reloj en nuestras esperas loberas en La Culebra. Tres hembras en medio del anaranjado, amarillo y ocre de los bosques de Bucegi en Transilvania. Los gritos de alerta que lanzó un ejemplar, acosado por el lince boreal que acabábamos de observar en otro parque nacional rumano, PiatraCraiului.
Hemos encontrado prosperas poblaciones de corzo en territorios con buenas densidades de lobo (Canis lupus), su mayor depredador, lo que indica el preciso equilibrio que se establece entre depredadores y presas. Es un hecho constatado que la expansión del corzo que se viene produciendo desde los años ochenta del siglo XX, ha sido paralela a del lobo ibérico.

Durante el mes de agosto, los celos se entregan al celo, por lo que los observamos en nuestras escapadas naturalistas por los espacios salvajes que exploramos con Wildlife Spain.

6 de junio de 2013

EN LA VIEJA EUROPA (CRÓNICAS DE RUMANÍA)


En la vieja Europa, uno de los temas más interesantes para un naturalista es la relación entre el hombre y los animales. La inserción del ser humano en los ecosistemas transformados e intervenidos desde la prehistoria.

Durante la reciente expedición a Rumania de Ecowildlife, hemos recorrido los espacios naturales de este país observando su fauna y flora. Mamíferos emblemáticos como el oso o el castor, que disfrutan de un exitoso programa de reintroducción. Descomunales ciervos y jabalíes, sorprendentes para los que conocemos a sus primos ibéricos. Anfibios, con diferentes especies de anuro y urodelos, a los que hemos contemplado y asistido a sus, en ocasiones, impresionantes manifestaciones sonoras: Sapo de vientre amarillo, sapo común y sapo verde, rana verde europea, salamandra, tritón alpino o ranita de San Antón. Aves muy apreciadas por los ornitólogos como el somormujo cuellirrojo, el pito cano o el fumarel aliblanco o misteriosas especies forestales como el pito negro y el urogallo.

La observación de fauna es una forma más de interacción entre el hombre y los animales salvajes y ésta ha sido nuestra principal actividad mientras guiábamos a los chicos de la EFA Malvesía por aquellos parajes del este de Europa. Sin embargo, también hemos podido presenciar otro tipo de relación entre el hombre y las bestias, tan ancestral como la pura contemplación. La depredación. La sensación de transitar un espacio verdaderamente salvaje sólo provoca con intensidad sentirse un eslabón más de la cadena trófica.
Observábamos a cinco osos pardos alimentándose de una carroña en Vala Strembei, desde la seguridad de una caseta forestal construida al efecto. Cuando la oscuridad de la noche nos impide seguir con el avistamiento, salimos en silencio, cruzando en bosque hasta el camino, con los plantígrados a escasos cincuenta metros. Entonces, es imposible no recordar la fotografía de la mesa de autopsias del borracho muerto y devorado por un oso, al que sorprendió durmiendo la mona en un parque de los suburbios de Brasov. Aunque no es la primera vez y sabes que el tema está controlado, la adrenalina sube.

En el otro extremo, una mañana de campo en Vala Lunga, zona osera, lobera y lincera, se nos ofrece un salami graso, de sabor fuerte, de oso. Nos comentan que, tradicionalmente, cuando se caza un oso, se elaboran embutidos como ese con su carne y grasa. Gastronomía paleolítica de las antiguas montañas europeas. El hombre presa de los grandes depredadores, pero cazador que devuelve el golpe cuando tiene ocasión. Según algunos descubrimientos paleontológicos recientes, el consumo de carne propició el desarrollo del cerebro en los homínidos. Se han encontrado lesiones típicas de la anemia en los restos de un cráneo infantil de hace 1,5 millones de años en Olduvai, causada por un déficit de carne.
No es extraña esta reciprocidad en comunidades que conviven con grandes depredadores. He leído como en el Amur, en el extremo oriente ruso, se considera la carne de tigre deliciosa, “sabe a pollo”, aunque no tanto como la de lince.

En la Península Ibérica no hemos sido menos. Pensando en el salami de oso me viene a la mente el testimonio de un paisano, que recoge J.A. García Diez en su libro OSOS, LANCES Y PERCANCES, sobre un oso de trescientos kilos cazado y convertido en embutidos en la cordillera cantábrica, en tiempos insultantemente recientes desde un punto de vista conservacionista: “Los chorizos gustaban pero que muy mucho a la gente; soltaban una grasina…¡qué grasina!. No es la carne del oso como la otra carne de caza. Es una carne ¿sabe? Que tiene su gracia, que tiene su qué.”

Bibliografia:
EL TIGRE, John Vaillant. Editorial DEBATE
OSOS, LANCES Y PERCANCES, J.A. García Diez  Editorial A. SAAVEDRA
Las fotografías de la expedición aquí